El Viernes Santo, la comunidad cristiana se congrega en torno a la cruz del Señor, signo supremo del amor redentor de Dios. Numerosos fieles participan del Vía Crucis, expresión concreta de su acompañamiento a Cristo en su camino de sufrimiento y entrega. La cruz no es sólo memoria de un acontecimiento pasado, sino revelación permanente del amor con que Cristo se dona hasta el extremo: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en Él no muera, sino tenga vida eterna” (Jn 3,16).


