Testigos del Resucitado

Miércoles 22 de Julio, 2026

El clero castrense vive el tercer día de su semana de retiro en la fiesta de Santa María Magdalena, animados en la liturgia por los capellanes de la Fuerza Aérea de Chile.

 

Con hondo recogimiento y espíritu de comunión fraterna, los capellanes castrenses llegaron hoy al tercer día de la semana de retiro espiritual, jornada que providencialmente coincide con la memoria litúrgica de Santa María Magdalena, la primera testigo del Señor Resucitado.

Un día marcado por la Apóstol de los Apóstoles

No es casualidad que, en la mitad del camino recorrido durante esta semana de oración y discernimiento, la Providencia disponga esta fecha. La Iglesia recuerda hoy a aquella mujer que, de madrugada y todavía envuelta en el dolor de la pérdida, se dirigió al sepulcro y fue la primera en encontrarse con Cristo vivo. San Juan Pablo II y posteriormente el papa Francisco subrayaron el título con que la tradición la conoce: apostola apostolorum, la apóstol de los apóstoles, pues fue ella quien llevó a los discípulos la noticia que cambiaría la historia: "He visto al Señor".

Durante la meditación central de la jornada, se propuso a los capellanes contemplar tres actitudes de María Magdalena que resultan especialmente elocuentes para quienes ejercen el ministerio en ambientes castrenses: su perseverancia en la búsqueda incluso cuando todo parecía perdido, su capacidad de reconocer al Señor en medio de la confusión y el llamado, y la prontitud con que, apenas reconocido Jesús, corrió a anunciarlo sin demora.

Capellanes llamados a ser testigos del Resucitado

En la reflexión compartida por el predicador, insistió en que el capellán castrense está llamado, como María Magdalena, a ser testigo —no simplemente transmisor de doctrina— de un Cristo vivo y presente. El ministerio en cuarteles, bases, buques y unidades militares exige acompañar a hombres y mujeres que muchas veces atraviesan el desierto, la incertidumbre o el dolor, situaciones no muy distintas del huerto donde la Magdalena buscaba entre lágrimas.

Se recordó que el testimonio del capellán no se agota en la celebración de los sacramentos, sino que se despliega en la cercanía cotidiana, en la escucha paciente y en la capacidad de anunciar la esperanza pascual allí donde con frecuencia reinan la dureza, la disciplina y, a veces, el miedo. Como la Magdalena, el capellán está invitado a no quedarse en el sepulcro vacío, sino a salir al encuentro de sus hermanos con el anuncio gozoso de la Resurrección.

Una semana que continúa

El retiro, que reúne a sacerdotes castrenses de distintas unidades y jurisdicciones, prosigue su itinerario de oración y fraternidad sacerdotal con los días que restan de convivencia. La celebración eucarística de la jornada estuvo marcada por el clima pascual que irradia la memoria de Santa María Magdalena, y sirvió de aliento para seguir profundizando, en los próximos días, en la vocación del capellán como testigo del Resucitado.

"Que cada uno de nosotros pueda decir a los suyos, como ella lo dijo a los apóstoles: he visto al Señor", fue la invitación dirigida a los capellanes, quienes continúan así, a mitad de camino, su semana de oración, discernimiento y fraternidad, de cara a los días que aún les quedan por delante.

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