Jn 15,13-14: “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”.
“Dulce et decorum est pro Patria mori”
“Dulce y honorable es morir por la Patria”
(Carmina 3, 2, 13. Horacio).
Pocos años antes del advenimiento de Nuestro Señor Jesucristo, el poeta latino Horacio sintetizaba en esta frase la cumbre del heroísmo romano: “morir por la Patria”.
Entendían claramente que dicho sacrificio encierra el más alto servicio a la “civitas”. Es manifestar que soy parte de algo más grande que yo, donde los altos intereses de la Patria se ubican en un nivel superior a mis intereses personales.
Nuestro Señor Jesucristo, con su Sacrificio en la cruz ha dado a la imagen del “Héroe” un sentido superior y trascendente, que no fue capaz de prever el poeta latino. Es que Cristo, por nosotros se hizo vencedor y víctima: vencedor, precisamente por ser víctima, como afirma San Agustín (Las Confesiones X). Fue Víctima voluntaria, Él se entregó a la muerte. Renunció a su Vida, para darnos vida (Ef 5, 2).
La guerra siempre será un tremendo drama humano, es el fracaso de toda diplomacia. Pero, resulta innegable, ver en el sacrificio de los héroes de La Concepción (de los cuales, a sus oficiales, se les trajeron sus corazones a Santiago, en cuyo Templo Catedral reposan, para memoria y veneración del pueblo chileno), la encarnación de los más altos ideales altruistas a los que un soldado chileno debe aspirar.
Estar dispuesto a dar la vida por la Patria, es estar dispuesto a morir por otros. Sí, jóvenes soldados que juraréis! Dispuestos a morir por muchos: Ricos y pobres; cultos e indoctos; gente de bien, y también por los que no lo son. Esto hace tan grande el voto que pronunciarán a Dios, cara a cara, ante nuestro principal emblema patrio.
Es por eso, que el servicio que ustedes prestan sea tan necesario para nuestro país. Necesario en el fatídico caso de que la guerra inclemente nos azotara; pero, muy especialmente, en tiempos de paz, cuando nuestro país ha sido testigo de la gallardía de muchos de nuestros soldados. Es que la profesión militar es vocación de heroísmo.
Los corazones de los oficiales de la concepción son el reservorio de lo más noble de lo más grande de lo más valioso, en resumen, de los sentimientos de cada uno de ellos. Esos corazones alguna vez palpitaron en el pecho de esos soldados… soldados como ustedes que jurarán. Estos héroes valientes a quienes rendimos un justo homenaje fueron tan semejantes a nosotros: tuvieron miedo, sangraron, lloraron, vinieron a este mundo en condiciones tan semejantes a las nuestras. Ellos también pertenecieron a una familia, donde hubo una madre, un padre, un hermano, una esposa que los lloró. En ellos se encarna el resumen y síntesis de todo un pueblo. En ellos contemplamos a los 77 héroes que ofrendaron sus vidas en el Combate de la Concepción. En ellos se simboliza, incluso, el clamor de aquellas mujeres y niños fallecidos, junto a ellos, en este conflicto bélico, por el sólo hecho de ser chilenos.
El heroísmo, es una virtud, que se manifiesta en una actitud de vida y se caracteriza por la capacidad de vencer. Siempre vencer. Vencer al adversario más enconado que toca enfrentar. Me refiero a vencerse a sí mismo. Pues, como afirma Santo Tomás de Aquino, respecto al triunfo de Nuestro Señor: “en la Cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes” (Sobre el Credo I, c. 6). Porque el esfuerzo sacrificado y generoso, siempre resulta victorioso. Siendo así, el heroísmo vence, frente al egoísmo, que sólo busca el bien personal y no es capaz de dar y darse a los demás. Vence al materialismo que no encuentra sentido en los bienes espirituales e intangibles, porque un Héroe siempre hará su sacrificio de manera gratuita, sin esperar un aplauso o reconocimiento, sin obtener una recompensa material. La sola satisfacción de saber que se hace lo correcto será la preciosa paga de cada esfuerzo personal, destruyendo, así, toda presunción, vanagloria o ambición. El heroísmo sale victorioso frente a la tacañería y mezquindad del mundo en que vivimos. Donde toda acción es motivada por la “Ley del mínimo esfuerzo”. El heroísmo mueve a las obras grandes, hace soñar con lo que otros llaman “imposible”. El heroísmo es la virtud de todos los días, que requiere ser renovada y ejercitada cotidianamente para dar frutos (Jn 15, 1-2). Es virtud de pacientes y forja paciencia, en una sociedad acelerada y que espera cosechar frutos de forma inmediata, muchas veces sin siquiera haber sembrado. Paciencia que inclina a soportar sin tristeza de espíritu ni abatimiento de corazón los padecimientos físicos y morales que nos toca enfrentar.
¿Piensan ustedes, que, a alguno de los héroes de la Concepción, simplemente lo sorprendió la muerte? Eso no es así. Sabían que la muerte llegaría muy pronto. Decidieron mantener la “posición”. Siempre habrá quien diga que no tenían elección. Sin embargo, ellos eligieron cómo vivir y cómo morir. Esa es la diferencia con aquellos que se enfrentan a su propia vida como una constante improvisación. NO. A eso me niego. YO decido. YO juro. YO quiero cumplir mi juramento hasta rendir la vida, si fuese necesario. Dios me ayude a ser fiel a mi promesa y la Santísima Virgen del Carmen abogue por mí.
Avda. Los Leones N° 73 - Providencia - Santiago de Chile
Fonos: 22231 0870 - 22231 0872