Busquemos la Paz

Domingo 26 de Abril, 2026

Salmo 33 (34), 12-17: “Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor; ¿hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad? Guarda tu lengua del mal, tus labios, de la falsedad; apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella; los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus gritos; pero el Señor se enfrenta con los malhechores para borrar de la tierra su memoria.”

San Pablo dirá a los Gálatas (5, 22), que la Paz es un fruto del Espíritu en nosotros. Pues esa presencia Divina engendra Paz, y la ausencia del Divino Espíritu, no permite que la Paz fructifique. El olvido de Dios lleva a olvidar la imagen de Dios en el hombre (Gn. 1, 27). Siendo así que, quien desconoce a Dios, acaba desconociendo el verdadero fundamento de la dignidad de las personas. Llegamos a pensar, muchas veces con buena intención, pero equivocados, que la dignidad de la persona humana radica en su comportamiento, de forma que el ser humano trabaja por su propia dignidad, la que conforme a su obrar aumenta o disminuye. Nada más lejos de la Fe cristiana! Pues, la dignidad humana es anterior al hombre, nos es dada por Dios sin méritos personales. Es una dignidad que se fundamenta en el Autor del ser humano, Dios, nuestro Creador. Porque procedemos de Dios y a Él volveremos (Jn. 16, 28).

El sentido de nuestra existencia es buscar a Dios y “poseerlo” en esta vida, para así poder vivir en Él (Hch. 17, 28) por toda la eternidad. Este camino de la existencia humana lo vemos completado en la encarnación del Verbo, en su pasión, muerte y Resurrección gloriosa. Primero Cristo, después nosotros (1 Cor. 15, 23). El saludo del Resucitado: “La Paz esté con ustedes” (Jn. 20, 19) es la reconfortante afirmación de que si buscamos al Señor, lo encontraremos (Mt. 7, 8); si nos mantenemos firmes, también reinaremos con Cristo (1Tim. 2, 12); si morimos con Jesús, viviremos con Él (Rm. 6, 9). Esto es lo que trae la Paz al corazón humano. Vivir una vida incorporada con Cristo en Dios (Col. 3, 3).

Por eso el salmista afirmará: “busca la Paz y corre tras ella” (Sal. 33/34) y será también la recomendación de San Benito a sus monjes al inicio de su Regla, pues en esto está la felicidad del cristiano (Prólogo 9).

Por estas razones los cristianos creemos que la Paz nace en lo profundo del corazón humano y desde ahí se derrama en el mundo. Las constantes guerras que proliferan en nuestro tiempo son el fruto de dejar a Dios fuera del horizonte de nuestras decisiones, por más que digamos el nombre de Dios, no por ello Dios rige nuestras conductas (Mt. 7, 21). Son fruto de ya no reconocer la imagen y semejanza divina en cada persona humana, llegando incluso al desprecio del que piensa distinto, del que es diferente al modelo de nuestro grupo social, o al odio hacia el agresor injusto, olvidando las enseñanzas del Salvador y el precioso ejemplo de un sinnúmero de cristianos a lo largo de la historia (Mt. 18, 21-22; Mt. 5, 39: Lc. 6, 29; Col. 3, 13). Sólo el perdón trae la Paz, y sólo perdonando seremos perdonados (Mt. 6, 14-15).

Rezar por la Paz en el mundo, exige poner en práctica, junto con nuestra oración, una forma de comportarnos que nos transforme en constructores de Paz.

En nuestro cariño y gratitud, muy especialmente, elevamos a Dios oraciones por CARABINEROS DE CHILE en su 99º aniversario institucional. Pedimos al Señor por su labor diaria y reconocemos en ellos un importante actor en la construcción de la paz cívica en medio nuestro.  


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