Hch 3, 19: “Arrepiéntanse, pues, y conviértanse, para que sean borrados sus pecados. Así el Señor hará llegar el tiempo del alivio”.
En el mundo militar, cuando se imparte la formación sobre instrucción a pie, se enseña que la “conversión” es un cambio de frente con el fin de cambiar la dirección de la unidad. Y, en la vida cristiana, la conversión, reviste un significado muy semejante a eso. Pues, se trata de un cambio de dirección en nuestra vida, en nuestros deseos, en nuestro modo de pensar y de actuar, y orientarnos en una nueva dirección, esta vez, en dirección a lo que Dios quiere y nos manifiesta en el Evangelio. La conversión, es el gran propósito del tiempo de Cuaresma, que comenzamos con el día miércoles de cenizas.
¿Cómo lograrlo? Con aquellos medios que la tradición cristiana nos ha mostrado constantemente: la oración, el ayuno y la limosna. San Pedro Crisólogo, Doctor de la Iglesia, afirma en su Sermón 43, “La oración llama, el ayuno solicita, la Misericordia (limosna) recibe”.
Oración: (1Tes 5,17-18) “Orar sin cesar. Dar gracias en todo”. (Ef 6,18) “Manténganse siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión por medio del Espíritu”. (Lc 18,1) “Jesús les propuso una parábola para enseñarles que era preciso orar siempre, sin desfallecer”. Si bien, siempre es necesario orar, el tiempo de Cuaresma lo requiere con aún más insistencia. Porque buscamos alcanzar la conversión de nuestra vida, y esto no es algo que se adquiere por fuerza de voluntad, sino por Gracia, por eso es necesario pedirlo, ya que quien pide recibe (Mt 7,8).
Ayuno: Moisés ayuna 40 días antes de recibir los Mandamientos de Dios (Ex 34,28). Jesús ayunó 40 días antes de iniciar su ministerio (Mt 4,1-11). San Pablo ayuna tres días durante su conversión (Hch 9,8-9). Es necesario ayunar porque la carne quiere contra el espíritu y el espíritu contra la carne (Gál 5,17). El cristiano debe anteponer los valores del espíritu por sobre los materiales, y el ayuno es una manera de entrenarnos en esto.
Limosna: Porque “dar al pobre es prestarle al Señor” (Prov 19,17). Debemos dar con alegría y no movidos por una obligación, según lo que cada uno puede. Nuestro Señor nos advierte respecto a la importancia de hacer la limosna en secreto y no irlo pregonando a los demás. Solo así recibiremos el premio del Padre que está en los cielos (Mt 6,1-4). Y también: “vendan sus bienes y denlos en limosna. Hagan bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla lo corroe. Porque donde está tu tesoro, ahí estará tu corazón” (Lc 12,33-34).
Este tiempo cuaresmal es un tiempo para acercarnos mucho más al Señor, tratando de tener entre nosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús (Filip 2,5). Nuestra vocación cristiana exige de nosotros ese testimonio de búsqueda constante de la Voluntad de Dios. Que Él permita que durante estos días santos, nuestros cuarteles y embarcaciones sean el lugar privilegiado donde se manifieste lo que ha dicho de nosotros Nuestro Señor: somos la sal de la tierra y la luz del mundo (Mt 5,13-16).
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